viernes, 19 de diciembre de 2014

El Camino

San Agustín, al que recomiendo vivamente leer, afirmaba:
"No construyas otro camino para buscar y hallar la verdad que el que ha sido garantizado por aquel que era Dios. Ese camino es: primero, humildad; segundo, humildad; tercero, humildad.
Si la humildad no precede, acompaña y sigue todas nuestras buenas acciones, si hacemos algo bueno en lo que vanamente nos gozamos, todo queda arruinado por la soberbia".
Y decía el mismo santo: "La humildad responde de la verdad, y la verdad de la humildad. La humildad es propia de los grandes. La soberbia, en cambio, es la falsa grandeza de los débiles...
El humilde no puede dañar; el soberbio no puede no dañar".
La humildad es la base de toda oración a Dios, pues debemos reconocer, como decía San Agustín, que el hombre es un mendigo de Dios.
De ahí que "la humildad es la base de la oración".
Sin humildad, no puede haber verdadera oración a Dios. Por eso, es tan importante iluminar nuestra vida y la de los demás con la luz de la humildad y de la oración.
Y como reza la conocidísima frase: "Para ser grande primero tienes que aprender a ser pequeño. La humildad es la base de toda verdadera grandeza."

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gusta todo lo que aparece en este blog, pero no se especialice en los temas religiosos, por favor! Haga más variedad...
Gracias.
Luis.

Juan Luis García dijo...

Hola! Creo que tienes mucha razón en la importancia de la humildad para encontrar nuestro verdadero ser, vivir en armonía con todo y con todos, y ser felices.
Y creo que fue una de las grandes lecciones que nos dejaron Jesús y otr@s grandes Maestr@s.

Gracias por tu entrada! Me ha servido para recordarlo y tenerlo mas presente en mi vida.