viernes, 19 de diciembre de 2014

Para ser grande

¨"Humildad es andar en verdad". Esta es la famosa frase de Santa Teresa de Jesús.
La humildad es vernos tal cual somos y reconocer lo que valemos ante Dios, y ¿qué valemos ante Dios? Realmente nada. ¿Qué somos ante Dios?, tampoco nada. Responder adecuadamente a estas dos preguntas es comenzar a andar en la verdad, empezar a darnos cuenta de lo que es ser humildes y después de reconocer nuestro "cero" valor ante Dios, nos queda un larguísimo trecho para llegar a ser verdaderamente humildes.
El problema está en que la humildad es una virtud despreciada por el mundo y al orgullo se le da un gran valor. Nos están vendiendo la idea de que los primeros puestos son los mejores, que las glorias humanas y los reconocimientos son muy importantes, que los privilegios y el poder son muy necesarios, que creernos una gran cosa es muy bueno.
Como vemos, todo lo contrario a lo que significa la humildad.
El mundo nos vende una idea que se nos mete por todos lados: la llamada "auto-estima", la cual es todo lo contrario a la humildad. Recordemos que nada valemos ante Dios, que nada somos sin Dios. De nuestra cuenta sólo podemos y sabemos pecar. Dice San Alfoso María de Ligorio que no somos capaces por nosotros mismos de hacer nada bueno, y que cualquier bien que hagamos viene de Dios y que cualquier cosa buena que tengamos pertenece a Dios.
San Ignacio de Loyola define la humildad como la renuncia a tres cosas:
- renuncia a la propia voluntad,
- renuncia al propio interés,
- y renuncia al propio amor.
El propio amor o amor propio es justamente la auto-estima que tanto se nos pregona, para -supuestamente- poder ser felices, pero que nos aleja de ese andar en verdad que es el camino de la humildad.
El Señor nos recomienda en el Evangelio evitar los primeros puestos. Y se refiere a esas cosas que nos vende el mundo: glorias, alabanzas, reconocimientos, poder, mando, honores, privilegios, creerse grande. querer ser grande y poderoso, alardear de lo mucho que sabemos, buscar ser reconocido, hacer las cosas para que nos crean muy buenos y capaces, creernos mejores que los demás, que somos una gran cosa, que merecemos lo que tenemos, tratar de destacar, confiar en las propias fuerzas y no en Dios, buscar hacer nuestra propia voluntad y no la de Dios.
Pero ¡cuidado! que no se opone a la humildad una sana auto-estima de sí mismo.
La Virgen María la poseía. Lo vemos en el cántico del Magnificat. María engrandece y da gracias al Señor porque "ha hecho en mí maravillas; en mí que soy la sierva del Señor". Ella se sabe llena de dones y, a la vez, consciente de que le son regalados por Dios.
Este es el equilibrio que hemos de buscar: una sana auto-estima que nos ayude a vivir contentos con nosotros mismos, y la humildad de saber que "todo es don" (que fomenta el agradecimiento).
Cultivemos la humildad verdadera, no la humildad de garabato.
La humildad es hacer las cosas porque Dios las quiere y como Dios las quiere, no por destacarnos ni por lograr reconocimientos; es buscar la gloria de Dios y no la nuestra; es no buscar ni reclamar honores; es no hablar de uno mismo, ni alardear de lo mucho que somos y tenemos; es saber que nada`podemos sin Dios; saber y reconocer que somos totalmente dependientes de ÉL; es dar gracias a Dios por lo que somos, por lo que hacemos y por lo que tenemos; es saber que nada podemos sin Él, pues nuestra fuerza está en el Señor.
Es creernos, de verdad, que nada somos ante Dios.
Sin embargo, debemos tener en cuenta que que la humildad no consiste en negar las cualidades que Dios nos ha dado -eso sería falsa humildad y no sería "andar en verdad".
La humildad consiste en saber y en reconocer que todo nos es dado por Dios.
Lo que sucede es que el orgullo nos hace creer que esas cosas las logramos nosotros mismos.
La humildad es la base de todas las virtudes, el fundamento de toda vida espiritual.
Sin humildad nadie puede ser bueno. Pues toda obra buena se basa en la humildad y todo pecado tiene mucho de soberbia.
Ahora bien, la verdad y la humildad están íntimamente unidas. No puede haber humildad sin verdad.

1 comentario:

El poder de tu vibración Marta Martín dijo...

Gracias por una entrada tan sincera. Yo por mi parte tengo otra opinión, he creado una entrada en mi blog pensando en tu entrada y me gustaría compartirla contigo. Allá va!

"Para mí Dios no existe como la figura que se le ha querido dar, es decir, como si fuese un Ser superior a nosotros y del que estamos a expensas.

No creo que haya un Dios que castigue ni que recompense, eso es una invención del ser humano ante acontecimientos que le suceden que no alcanza a entender.

Si por "Dios" entendemos algo que se escapa (de momento) a nuestras explicaciones racionales y que hace que el Universo responda ante unas leyes, entonces sí, estamos de acuerdo en llamarlo Dios.

Pero para mí, la figura de Dios se limita a un orden natural establecido donde funcionan leyes como la de "causa y efecto", de "polaridad", de "vibración"... que proporcionan un estado permanente de equilibrio.

No creo que seamos inferiores a ningún Dios, ni superiores a nadie ni a nada. No somos superiores a los animales, ni a las plantas, ni dueños de ninguno de ellos. Creo que somos compañeros de camino cumpliendo cada uno con unas funciones iguales de importantes e imprescindibles.
Para mí somos fractales de algo más grande, hechos exactamente igual y de lo mismo que "ese elemento original" pero, materializados en distintas formas, y cada uno con una misión. En lo que respecta al ser humano, nuestro problema es tratar de racionalizar y explicar todas las cosas que no entiende.

Se cree que un Dios es superior porque tiene una conciencia elevada, porque controla y modifica la materia, porque ama incondicionalmente, porque puede hacer milagros (magia), porque perdona.

Pero realmente es cuestión de conciencia. ¿Realmente alguien cree que no somos capaces de hacer todo eso?

Desde siglos atrás nos hemos querido creer una película inventada por nosotros mismos: Dios puede hacer todo eso y nosotros no podemos hacer nada más que su voluntad.

Y creo que de alguna manera era necesario ya que nuestra conciencia y nuestra vibración lo marcó así porque no estábamos preparados para manejar tanto poder y tanto potencial. ¿Os Imagináis a seres con el simple instinto de supervivencia armados con metralletas? (...)

El caso es que cada uno tenemos una conciencia y cada uno tenemos una misión. Todas igual de importantes y de necesarias.

Aquello a lo que llamamos Dios, no es otra cosa más que conciencia. Nosotros en este plano, cuando elevamos nuestra conciencia y nos salimos de nuestras "limitaciones" autoimpuestas, somos capaces de hacer exactamente lo mismo que eso a lo que llamamos "Dios". Por lo tanto, no es cuestión de ser Superior o Inferior, sino de CONCIENCIA.

Los templos para orar a los Dioses son creaciones del ser humano, los textos sagrados son una interpretación del ser humano, y la forma de aplicarlos también.

Lo único que quiero decir con ésto, es que detrás de todos los paradigmas actuales se esconde la conciencia del humano y que durante siglos a todos nos ha venido bien pensar que somos seres limitados e incluso inferiores y sometidos a los deseos de una divinidad. Que incluso ese ser divino, si nos portamos mal nos puede castigar, y que sólo unos pocos pueden ser portadores de "la palabra del Señor".

No necesitamos intermediarios para sentir la magia fractal de esa conciencia elevada dentro de nosotros.

"Dios" no necesita secretarios ni interpretes para transmitir sus leyes, ya que repito, somos parte de ello y ello parte de nosotros.

[...]

Hay más pero no entra todo... Así que si lo deseas aquí te pongo el enlace donde sale la entrada entera: http://elpoderdetuvibracion.blogspot.com.es/2014/12/dios-castigo-humildad.html

Gracias y saludos ;)
Felices Fiestas