
El deber sin amor vuelve
malhumorado.
La responsabilidad sin amor vuelve desconsiderado.
La justicia sin amor vuelve rígido.
La verdad sin amor vuelve criticón.
La educación sin amor vuelve contradictorio.
La inteligencia sin amor vuelve astuto.
La amabilidad sin amor vuelve hipócrita.
El orden sin amor vuelve pedante.
La erudición sin amor vuelve disputador.
El poder sin amor vuelve violento.
El honor sin amor vuelve arrogante.
Las posesiones sin amor vuelven avaro.
La fe sin amor vuelve fanático.
2 comentarios:
Que el palo no llegue a golpearte...mucho ànimo! Dios te bendiga.
Pues el palo me golpeó, querido Rodrigo, pero fue más como toque de atención que como verdadero palo.
Gracias. Que Dios te bendiga a ti a ti también.
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