martes, 27 de octubre de 2009

Vigilia (2)

Pues sí, es moda de algun@s- que viene de lejos- esforzarse por sumergir totalmente su yo en una entidad impersonal que carece de toda cualidad y de toda definición, para llegar a un estado en el que la mente se vuelva completamente “plana” perdiendo todas sus actividades (y sin quedarse dormido ni muerto, claro).
La gente que quiere practicar esto dice que ése sería el más puro estado de conciencia, júbilo pleno, carente de todo objeto y contenido, idea que me parece muy bien. Este estado es el último fin del Yoga, el culto de la unión, mejor dicho, identificarse totalmente con Dios ( o el Ser Infinito, creo que lo llaman) que está por encima de pensamientos y palabras.

Semejante vía de conciencia trascendental es una respetada tradición en algún país, pero por estos pagos lo que nos muestran y demuestran es más una práctica de relajación y como mucho una experiencia psicológica. Pero no es ni tiene el “atractivo” de una religión, de igual modo que el conocimiento del estado último del átomo no le sirve de nada a un virtuoso que se ocupe en imágenes en que los tales átomos hayan tomado forma.

Se necesita, sí, alguna condición de vacuidad para estudiar el estado de las cosas en su pureza primitiva, e igual puede decirse del espíritu humano, pero el estado original no es forzosamente el estado mejor. La forma concreta es una manifestación más perfecta que el átomo, y el hombre es más perfecto como tal hombre que allí donde se desvanece en una inconcreción original.
Y no me meto en más sembrados, que tengo que rezar, dormir, soñar, y mañana trabajar.


3 comentarios:

Äriastóteles Lumínico dijo...

Y que tus afanes tengan fruto, Dyas.

Adrian LaRoque dijo...

Great duck!

zarina dijo...

Lo vacío está lleno de nuestros sentimientos , de todo lo que guarda y atesora nuestro interior.
Lo lleno siempre es lo vacío.
Es muy profundo este concepto. El silencio guarda todas las voces y las melodías. Te felicito.